Grupo de Estudios sobre Ora/literaturas indígenas contemporáneas

Presentación

 

A partir de la década de los noventa, luego del quinto centenario del llamado "Descubrimiento" de las tierras americanas y de las reflexiones y los debates suscitados en virtud de la ocasión, los reclamos diversos de los pueblos originarios logran un mayor grado de visibilidad socio-política y sus voces intervienen en la escena discursiva para fracturar la unidireccionalidad de sentido instalada por el relato hegemónico de la historiografía oficial. Comienzan a hacerse audibles entonces no solo una serie de contra-memorias respecto de la organización de muchos de los estados nacionales americanos –que implicó el genocidio, el exilio interior, la marginalización y la asimilación brutal de los "indios" a condición de su "blanqueamiento" por medio de la escolarización– sino además una constelación de cosmovisiones, costumbres, valores, modos de vida y epistemes que relativizan y exhiben los límites de la razón occidental moderna. Las culturas originarias, organizadas en torno a la oralidad de sus respectivas lenguas, preservan en gran medida una economía oral que determina nociones y valores particulares respecto de la identidad, el cuerpo, la comunidad, el tiempo, la muerte, el territorio y lo viviente.

Entre las voces que reclaman ser escuchadas hemos asistido durante los últimos treinta años a la emergencia de un corpus "literario" incipiente –que adquiere cada vez mayor presencia– producido por escritorxs, poetas e intelectuales que reivindican su pertenencia a las comunidades originarias. El entrecomillado del término "literario" obedece al hecho de que la literatura en tanto categoría occidental moderna resulta ajena e insuficiente para dar cuenta de la concepción de lo artístico y los modos de producción estética practicados dentro del marco de las culturas ancestrales, en la medida en que la escritura alfabética no forma parte de su estructura simbólica por un lado, y que lo estético no es concebible como esfera autónoma sino como una dimensión profundamente arraigada en las prácticas de la vida cotidiana, por otro. La publicación en formato libro de textos fundamentalmente poéticos, pero también narrativos y ensayísticos de autorxs mapuches, quechuas, aymaras, guaraníes, náhuatls, mayas, diidxazá y tantos otrxs, constituye una valiosa estrategia de visibilización en dos direcciones: dentro de las mismas comunidades, estas textualidades apuntan a la revitalización lingüística, a la revalorización interna de la propia cultura y a defender tradiciones, valores, modos de ser, producir y habitar propios –en algunos casos en claro riesgo de desaparición ante los embates modernizadores y homogeneizadores de la globalización neoliberal–; hacia afuera de las propias comunidades, la difusión y el reposicionamiento de esta producción simbólica históricamente silenciada constituye una estrategia de visibilización cultural que interpela al resto de la sociedad en la medida en que vehiculiza una episteme que posibilita una comprensión más cabal tanto de otras formas de conocimiento como de los reclamos históricos de los pueblos originarios. Al mismo tiempo, la "irrupción" de un corpus indígena en tanto clara manifestación de la heterogeneidad de la literatura latinoamericana requiere una necesaria revisión de las políticas de conformación de las literaturas nacionales –históricamente constituidas a partir de las exclusiones étnicas, lingüísticas y raciales de los estados-nación–.

El concepto de "oralitura" –acuñado por el historiador africano Yoro Fall– fue recuperado por el poeta mapuche Elicura Chihuailaf y adoptado luego por otros poetas para reivindicar una tradición poética y epistémica propia de las culturas orales. En una entrevista publicada en la revista Aérea Nº 3 (2000), sostiene que "la oralitura sería escribir al lado de la fuente, esto es situar el hecho escritural no olvidando que la escritura es en sí misma un artificio. El escribir al lado de la fuente lo hacemos todos los escritores indígenas, que seríamos más bien oralitores. Nuestra escritura se debe a la memoria de nuestros mayores, ¿esa sería la primera fuente?, claro, inmediatamente. […] Nosotros realzamos, recalcamos el hecho que nuestra escritura es la memoria de nuestros antepasados, pero recreada a partir de nuestra vivencia hoy día" (51). De este modo, la oralitura consistiría en una reapropiación estratégica de la tecnología escrituraria por parte de poetas, narradorxs e historiadorxes pertenecientes a los pueblos y naciones originarios a los efectos de poner en circulación sus voces en circuitos extra-comunitarios sin renunciar a la impronta oral que fundamenta sus cosmovisiones. En este mismo sentido se inscribe la estrategia de la auto-traducción: gran parte de la poesía indígena se publica en versión bilingüe, de manera tal de resultar legible para un público lector más amplio y a la vez hacer presente y visible –literalmente– la lengua originaria.

 

Integrantes

 

Coordinadora: Dra. Andrea Ostrov (UBA). 

Dra. Violeta Percia (UBA). 

Dra. Fernanda Moraga (UNIVERSIDAD ANDRÉS BELLO). 

Dra. Luz Lepe Lira (UNAM).